Alemania, el guía que perdió el c
Alemania, un país con una historia tan rica en momentos que marcaron el devenir del mundo moderno, faro ideológico y ejemplo predilecto de muchos políticos. Hoy en día atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia posmoderna ¿que pasó con el mítico titán europeo y una industria alemana que parecía inquebrantable?
En la actualidad, Alemania es junto a España y Austria, el único país europeo que todavía no ha recuperado sus niveles de consumo previos a la pandemia. Y no es solo el consumo. Sin importar la métrica que miremos: PIB, PIB per cápita o hasta los números sobre inversion, todo apunta en la misma dirección. Alemania vive en la actualidad una severa crisis no solo económica sino política y social.
Los días en los que los políticos alemanes podían y daban lecciones al resto de países sobre cómo manejar la economía han quedado en el olvido. Hoy en día, aunque suene paradójico, se podría decir que los alemanes, deberían tomar el ejemplo de países con los pies en la tierra como Grecia, no solo porque los griegos han logrado estabilizar su economía, lo cual ya se cataloga como milagro económico, sino porque además los alemanes son los que menos horas trabajan y con diferencia de toda la OCDE y probablemente de todo el mundo.
En Alemania pedir una baja médica laboral es casi un deporte nacional, y lo cierto es que este tema es muy preocupante, no solo por el estancamiento económico que es en sí mismo una gran tragedia, sino que además, la situación geopolítica se encuentra al rojo vivo, y es justamente en estos momentos que Europa no se puede permitir que su locomotora se quede sin combustible. Pero las malas noticias no terminan aquí, Alemania no solo es la locomotora de Europa, es también su mejor fábrica. Es el país que más valor añade a las manufacturas con mucha diferencia del segundo. Y su enorme PBI y su economía centrada en la manufactura, representa el 27% de toda la producción industrial del Viejo Continente. Dicho de otra forma, Alemania es tan grande que una caída suya podría arrastrar a todo el continente europeo consigo.
Si han visto las noticias ultimamente, habrán podido observar con toda certeza imágenes esperpénticas de militares alemanes haciendo ejercicios con palos de escoba por no tener armas suficientes para entrenar. Puede parecer una situación cómica, pero si el conflicto entre Ucrania y Rusia se tensa aún más, estas imágenes serán un duro varapalo que recordar.
Y ya sé lo que muchos estarán pensando, ¿no es acaso la crisis alemana una recesión temporal producto de la Guerra de Ucrania y el gas ruso? Pues la respuesta corta sería un rotundo no, cada vez hay más evidencia sobre la real fuente de los problemas alemanes y son mucho más profundos de lo que parecía a simple vista. Y ¿Cómo está realmente la economía alemana? ¿Se trata de un parón temporal o es un problema de largo plazo? Y quizás la pregunta más importante: ¿Qué se puede hacer para solucionarlo?
En los medios en general, se ha repetido con mucha frecuencia que las fábricas alemanas no pueden funcionar de forma eficiente porque la energía eléctrica es muy costosa, y este argumento tiene sentido. En apenas 20 años, la barata energía nuclear ha pasado de representar el 30% del mix energético a desaparecer del tablero completamente y ser sustituida por el carbón y el gas; pero las complicaciones no terminan aquí, el año 2021 más de la mitad del gas consumido por los germanos procedía de Rusia.
Tras las sanciones de la Unión Europea a Rusia, el gas subió tanto de precio que Alemania no tuvo otra alternativa que lanzarse de lleno a procesar gas licuado proveniente de Estados Unidos, con todo lo que ello supone. La Alemania moderna depende del gas, y esto explica porque después de estallar la guerra de Ucrania, la industria alemana consumiera 0.6 terawatios hora menos de energía cada día por los recortes y limitaciones impuestas por el gobierno alemán a sus fábricas. Hablamos de enormes pérdidas que alcanzan el 18% de la producción y que no se podían permitir. Ahora bien, el impacto de la subida del precio de la energía eléctrica existe, eso no se puede negar. Sin embargo, como explica la gráfica, el precio del gas actual es una décima parte de lo que llegó a costar en su pico durante el año 2023, y prácticamente ha retrocedido hasta su precio pre-guerra. Pero a pesar de ello, la producción industrial alemana no ha conseguido recuperar su ritmo anterior. Si en 2008 todo el mundo admiraba la flexibilidad y resiliencia de la economía alemana, ahora parece que ha bastado con un duro golpe para dejarla contra las cuerdas. Pero el shock energético no puede explicar todo el problema, desde la pandemia ha habido otro gran evento global que se ha cebado especialmente con el país germano. Y esta es la agresiva política de exportaciones de China y la respuesta euroamericana.
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Precio del gas 2020-2024
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La economía alemana depende mucho más de la industria que de sus vecinos europeos. Si hablamos de industria alemana tenemos que hablar sin dudarlo de automóviles, pero no de cualquier tipo de automóvil, sino de vehículos con motor de combustión como los de Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz, Audi entre otros.
Y no solo eso, porque si han tenido la suerte de visitar Europa, seguro que también conocieron algún pueblo o ciudad donde la economía de éstas depende enteramente de fábricas del gigante alemán, inclusive fuera de las fronteras germanas. El colapso que está sufriendo el grupo VolksWagen tanto en beneficios como en la bolsa, no solo está afectando a Alemania sino a la economía de Europa.
La transición energética comercial y el cambio de paradigma de un motor de combustión a uno eléctrico, los subsidios chinos y los aranceles americanos han herido gravemente a una economía alemana que languidece.
En la crisis del 2008, China fue uno de los principales responsables de que Alemania pudiera sortear tan bien la recesión. Las ventas hacia el gigante asiático se dispararon, al mismo tiempo que los productores alemanes se hacían un hueco en el creciente mercado chino. Lo que pasó después, todos lo conocemos. Las fábricas chinas fueron dejando de fabricar vehículos alemanes para centrarse en marcas locales como BYD, quienes copiaron sin pudor la tecnología y diseños de las marcas alemanas. Podríamos decir que los chinos aprovecharon toda la inversión y conocimiento que vino desde occidente para desarrollar su propia industria, una que también ha recibido subsidios muy generosos por parte del Partido Comunista Chino. ¿El resultado? Después de un largo periodo de estancamiento, las ventas a China han empezado a descender con fuerza. Ahora bien, en este caso hay algo importante que discutir, como con el asunto energético, el fondo es verdad, pero la magnitud es mucho menos relevante.
El incremento en exportaciones en el 2008 era evidente, sí, pero apenas suponía un 0,7% del PBI en su pico más alto. El peso de China en la economía alemana siguió siendo relativamente pequeño. Y el motivo es muy sencillo de entender: las exportaciones alemanas están muy bien diversificadas. Las ventas de vehículos y piezas a China han disminuido, pero en parte han sido sustituidas por otro tipo de exportaciones como las norteamericanas. La balanza general no ha caído tanto como muchos apuntan. Desde luego las políticas proteccionistas de Joe Biden no han ayudado a que esto ocurriera, pero el caso es que tampoco han impedido que las exportaciones alemanas sigan creciendo con fuerza. En otras palabras, China puede ser un enorme dolor de cabeza en el futuro, pero eso no explica la enorme recesión en la que está Alemania al día de hoy.
A fin de cuentas, es muy fácil achacar los problemas a grandes eventos como estos, y en parte tendrían razón. Pero como comenté al inicio, es posible que el hundimiento de la economía alemana tenga raíces mucho más profundas
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Solo hace falta ver su pirámide demográfica. Por supuesto esto no es un problema exclusivo de Alemania, pero estos datos dicen algo muy claro de la magnitud del problema. En Alemania, el número de defunciones superó al de nacimientos desde 1970, hace ya más de 50 años. O si prefieren una métrica más indirecta que podría parecer anecdótica a simple vista, la infraestructura para el servicio de internet tiene la misma calidad de Rumanía, un país con una tasa de riesgo de pobreza que alcanza el 21.1 por ciento de su población. Pero lo que ha ocurrido con Alemania, es simple, a los boomers no les interesa ni un poco ver Netflix a 4k o jugar Fornite sin latencia alguna. La realidad es que no existe demanda o interés en mejorar las infraestructuras tecnológicas de transmisión de datos porque la población alemana está terriblemente envejecida y sus prioridades son otras, los estudios han revelado una correlación muy fuerte entre envejecimiento y pérdida de dinamismo económico en un país como el germano. En la práctica, gran parte de los emprendedores son jóvenes, y en Alemania no abundan y, sin ellos, no existirían nuevas empresas que desbanquen a las gigantes que llevan casi un siglo en la cima. Solo hay que comparar la fecha de creación de los titanes americanos como Facebook o Nvidia con los colosos alemanes, que en muchos casos ya existían antes de la Segunda Guerra Mundial.
Y si a esto le sumamos que, como hemos visto anteriormente, Alemania es el país de la OCDE y, probablemente del mundo, en el que menos horas se trabaja, entonces las razones del estancamiento alemán dejan de ser tan sorprendentes.
Hasta ahora han podido disimular la aparición de esta problemática con una desordenada inmigración en los últimos años. Entre el año 2013 y el 2022 Alemania fue responsable de casi la mitad de toda la entrada neta de inmigrantes a Europa con casi 6 millones de inmigrantes. Pero esta inmigración ha sido por regla general, de baja cualificación. Muy diferente a la ola de ingenieros y médicos que llegaron a Alemania tras la crisis del 2008. Hoy en día son los ingenieros alemanes los que buscan salir al extranjero.
Por dar una cifra, hoy Alemania recibe en términos relativos entre 5 y 10 veces menos trabajadores cualificados que Reino Unido, Canadá, Dinamarca… y por supuesto no hablemos de los EEUU.
¿Los motivos? No son nada claros. Las leyes de inmigración son unas de las más abiertas y permisivas del planeta, en especial con la inmigración cualificada. Pero parece que estos perfiles prefieren irse a otros países porque ven mejores oportunidades, por impuestos o simplemente porque la idea de tener que aprender un idioma como el alemán les incomoda.
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El país teutón ha entrado en un círculo vicioso. Para hacer frente a los nuevos retos, Alemania necesita atraer talento joven, pero con una recesión económica tan severa, nadie pone este país como prioridad es su lista de destinos favoritos. Sin embargo, eso no es lo peor de todo. Los alemanes pueden parecer tipos muy duros, pero a la hora de invertir son todo lo contrario. La mayoría prefiere guardar su dinero en una cuenta del banco con intereses reales negativos antes que invertirlo en bolsa. Por no invertir, no invierten ni en vivienda. Para darles una idea, solo el 50% de los alemanes vive en su propia casa, frente al casi 80% de otros países occidentales.
Para los alemanes la actividad con más riesgo a la que se pueden exponer es la compra de deuda pública. Y todo esto explica que, aunque el país teutón sea uno de los que más invierte en investigación, desarrollo e innovación en el mundo, no veamos innovaciones disruptivas. Los inversores no son diferentes y actúan como el alemán de a pie, yendo siempre a lo seguro. Y claro, sin inversión disruptiva es muy difícil adaptarse y superar los retos que plantea actualmente el mercado.
La pandemia y la guerra comercial con China han sido la chispa que ha hecho estallar un problema que se venía arrastrando durante años. De hecho, si descomponemos las distintas contribuciones a la producción industrial, veremos que las dos cosas que más nos llaman la atención son los problemas de inversión y los intermediarios. Y en relación a todo esto, me hice una pregunta: ¿Cuáles son las mejores universidades de Alemania?
Porque si me preguntaran por EEUU o Reino Unido no tendría ninguna duda en citar muchas de ellas ¿Pero y Alemania? Su mejor institución académica es la universidad de Múnich y apenas ocupa el puesto 48 según un ranking global. Aunque sea obvio mencionarlo, es un puesto extraordinariamente bajo para un país tan desarrollado y con un legado tecnológico legendario.
En EEUU, las universidades son básicamente laboratorios gigantes en busca de soluciones para las problemáticas globales. Pero en Alemania y la Unión Europea se han convertido en agencias de colocación para funcionarios con muy poca conexión con el mundo laboral. Y esto es solo una anécdota, ¿Pero es una coincidencia que, uno de los departamentos más exitosos de las universidades europeas, sea el departamento que estudia el decrecimiento económico? Sí, el decrecimiento económico como objetivo no es solo una cosa de niñatos, las universidades europeas están invirtiendo ingentes cantidades de dinero en un concepto tan absurdo, pero sobre todas las cosas, es muy dañino. Es probablemente el mayor sinsentido, aún peor probablemente que el comunismo. Sin embargo, en este afán descabellado encontramos a los académicos europeos apoyando un plan de desindustrialización con el dinero de las universidades públicas.
En la actualidad social y cultural, las universidades cada vez mas forman parte de la agenda política dominante, y si a ello le sumamos la falta de personal cualificado, entenderemos mejor algunas cosas como el subsidio que Alemania tuvo que pagarle a Intel, alrededor de 10 mil millones de dólares, para que no abandonara el país. De igual manera con Tesla o TSMC, empresas que han mantenido buena parte de su actividad en la región germana a golpe de talonario. Hablando de Tesla, y para dar una mejor perspectiva si juntáramos a todas las marcas de automóviles alemanas y las sumáramos, no alcanzarían a igualar la capitalización de mercado del gigante americano.
Si estas empresas americanas quisieran crecer en Alemania se enfrentarían a otro gran problema: la transición energética. La economía alemana es enormemente dependiente de emitir CO2, su tasa de emisiones por persona asociadas a la industria es prácticamente el doble que la francesa. ¿Y qué país tiene uno de los impuestos más altos al CO2 en el mundo? Para sorpresa de pocos, es Alemania. Es decir, cualquier iniciativa industrial que quiera solucionar los problemas va a encontrarse con un muro debido a la transición energética que Europa y en este caso Alemania tienen como meta para el año 2030.
Ahora bien, en una nota positiva, noes la primera vez que Alemania se encuentra en una situación tan precaria. En los años 90, de hecho, también crecía por debajo de España o Grecia. Y supo encontrar en la adversidad soluciones. En estos dos últimos años el PIB ha caído menos que la producción industrial, básicamente porque la industria se ha hecho algo más eficiente. Es decir, está haciendo más, con menos. Respecto al tema energético, hay buenas noticias a la vista.
Décadas de subsidios han fracasado a la hora de quitar al carbón del mix energético y disparar el peso de las fuentes de energía renovables en la producción. Pero hace unos meses se aprobó un paquete de desregulación histórico. Hace apenas 2 años, un parque eólico de tan solo 3 molinos de viento requería un informe de más de 36.000 páginas; pero ahora, muchos de estos trámites se han cortado a prácticamente cero.
El resultado, un boom sin precedentes. El país está herido, sí. Y los retos que tiene por delante son colosales. Pero si algo nos ha enseñado la historia es que nunca hay que dar a Alemania por vencida.






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